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Columna de Opinión: “No hay motor sin una idea que lo encienda”, por Leonardo Valencia, Director Creativo en Buentipo

En la industria automotriz, cada tecnología tiene su propio miedo: La de combustión tiene que demostrar que sigue siendo vigente, la híbrida, que no hay que saltar al futuro de un solo golpe, y la eléctrica, que lo desconocido también puede ser deseable.

Tres tecnologías, tres conversaciones, y un mismo reto para las ideas: hacer que la gente quiera dar el siguiente paso.

Pero hay algo que la industria suele olvidar: la tecnología puede avanzar a una velocidad distinta a la de las personas. Mientras la innovación corre, el consumidor duda, compara, se aferra a lo conocido o decide probar. Por eso hoy no estamos vendiendo solamente tres tipos de motorización; estamos hablando con tres velocidades distintas de cambio. Y quizás ese sea el verdadero trabajo de la creatividad: no empujar a todo el mundo hacia el futuro al mismo ritmo, sino crear la idea capaz de encontrarse con cada persona exactamente donde está.

Porque una buena idea para vender carros de combustión tradicional no necesita convencerte de cambiar, necesita recordarte por qué todavía confías. Una buena idea para híbridos no tiene que darte una clase de ingeniería, tiene que darte permiso para probar, para acercarte al futuro sin sentir que tienes que dejar todo atrás.

Y una buena idea para eléctricos tiene un trabajo todavía más interesante: convertir preguntas técnicas que tienen que ver con autonomía, carga, infraestructura en una sensación humana: “esto es para mí”.

Ahí es donde la creatividad deja de ser decoración y se vuelve una sola con cualquier tecnología.

Porque los datos explican, las especificaciones demuestran. Pero una idea puede hacer algo más poderoso: mover una decisión.

Al final, un carro no cambia de dueño porque alguien gritó más fuerte, cambia cuando alguien encontró la manera de decir la verdad de una forma que se sintió cercana.

Por eso, el verdadero poder de una idea no es hacer que una tecnología se vea bien, sino hacer que dar el siguiente paso se sienta bien. Quizás ahí está la verdadera batalla de la movilidad: no en cuál tecnología termine ganando, sino cuál consigue algo mucho más difícil: que las personas quieran avanzar con ella.

Porque la tecnología puede cambiar un motor, pero una idea puede cambiar la decisión de quien lo conduce.

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